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La palanca: el método del 3% para simplificar, priorizar y ejecutar

Hay una idea que me quedó grabada desde hace años, una frase atribuida a Albert Einstein sobre el interés compuesto: cuando entiendes cómo se acumula una mejora constante, cambias la forma de dirigir.

La regla del 3% parte de lo mismo: si una organización mejora 1%, 2% o 3% cada año —pero lo hace con disciplina y de forma consistente— no solo gana ese 3% del periodo; impacta y potencia todas las mejoras acumuladas. Es decir que, con el tiempo, ese pequeño ajuste se vuelve una ventaja estructural.

Por supuesto que esto no significa renunciar a transformaciones grandes, hay momentos en los que se requieren cambios disruptivos, sin embargo, si hablamos de sostenibilidad, la estrategia más robusta suele ser construir progreso con pasos pequeños, intencionales y alineados al rumbo. 

Y para explicar esto, utilizaré la metáfora de la palanca: rumbo, punto de apoyo y peso; si estos tres elementos están bien definidos, el avance se multiplica; si no están bien alineados, y sistematizados el esfuerzo se desperdicia.

Rumbo: la dirección real

El error más común en alta dirección es asumir que crecer constituye, por sí mismo, un rumbo estratégico, al igual que buscar ser número uno; estos dos pensamientos se pueden definir como intención.

Entonces podemos definir el rumbo como claridad: tener definido hacia dónde vamos, cómo vamos a llegar y a qué le diremos que no. Cuando el rumbo de una organización es débil, suele evidenciarse en tres síntomas: demasiados objetivos, metas no definidas adecuadamente y cambios frecuentes de prioridades.

Incluso cuando el rumbo existe, muchas organizaciones lo pierden por falta de compromiso, es decir aparece un fuego, surge una oportunidad no evaluada, el mes se llena de urgencias… y la disciplina se diluye. Y aquí surge la importancia de definir el rumbo y contar un método formal de ejecución que lo proteja. La resiliencia organizacional no consiste en resistir por inercia; consiste en contar con procesos, sistemas y una cultura de ejecución que permitan sostener el desempeño con disciplina, incluso bajo presión, sin desviarse del rumbo estratégico.

¿Cómo identificar que el rumbo está en riesgo? Cuando la agenda del comité ejecutivo no visibiliza iniciativas estratégicas y transformacionales ya que, si no se revisan, no se conversan y no se gobiernan, entonces no se están ejecutando; y aquí un punto clave, la estrategia y la cultura no se delegan el CEO puede tener apoyo —una oficina de transformación, una PMO o una unidad de estrategia— pero su rol no es decidir la estrategia, sino velar por que se ejecute y sostener el ritmo.

Punto de apoyo: la capacidad que multiplica

En nuestra cultura organizacional de la región centroamericana es común apalancarse en el pasado e indicar “así lo hemos hecho siempre”; “esto nos funcionó”, “somos buenos en esto” y estamos de acuerdo que las victorias importan, pero no garantizan el futuro. Si un atleta quiere saltar más alto, necesita más músculo; no lo logra con la misma complexión y de igual forma pasa con las empresas, con capacidades actuales puedes llegar a cierto nivel, pero para crecer necesitas nuevas capacidades.

Un punto de apoyo mal puesto es sostener la palanca únicamente en lo que ya sabes hacer. La esencia y los valores se preservan; las capacidades se renuevan.

Peso: priorizar para mover lo que importa

El peso es tu portafolio de iniciativas y la priorización no empieza por el retorno de la inversión, es necesario empezar por el contexto y para esto puedes preguntarte: 

  • ¿Tu negocio usual está estable o vive apagando fuegos? Si lo operativo está crítico, necesitas atenderlo antes de soñar. 
  • ¿Estás utilizando un nivel óptimo de tu capacidad instalada? Si aún hay margen, prioriza iniciativas que lo capturen. 
  • Cuando el negocio está sano y optimizado, entonces sí: ¿qué proyectos empujan el futuro y ofrecen el mejor retorno ajustado al riesgo?

Recordemos que un ajuste pequeño con gran impacto es separar y distinguir los dos ritmos Hormiga el negocio usual y el ritmo de gacela el crecimiento e iniciativas estratégicas. Cuando se mezclan, todo se vuelve urgencia y el crecimiento se vuelve un hobby, pero cuando se separan, la organización se acelera.

Y quiero cerrar este artículo con una frase que siempre recuerdo: “Define tu destino, o alguien más lo hará por ti” de un gran líder Jalck Welch, esa es la invitación. Define el rumbo, coloca el punto de apoyo correcto, elige el peso que vale la pena mover… y deja que el 3% haga su trabajo, año tras año.

Autor: Ramiro Castillo

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